lunes, 21 de junio de 2010

Vida de domingo a la noche


Con ellos y un par de amigos más, yendo a tomar algo por San Telmo. Cuanto fresco hace che. No pude ir a la Trashliner, el frío y un sueño ingobernable se me vinieron encima. Llegué a casa con las manos heladas.
Estoy comiendo atún frente a la computadora. Mañana ensayamos el show del jueves. Este año voy a tocar mucho más que el año pasado, y en mejores lugares.
Después de tantos años de sentir que hacía cosas totalmente al pedo, de sentir que no había espacio para lo que hacía, este año en algunas oportunidades aparece una sensación de que todo eso puede cambiar, fruto quizás de tanto trabajo previo hecho. Todo cambio viene acompañado de muchísimo trabajo.
Es en este momento en que me doy cuenta quienes son los que pueden ver todo el trabajo hecho, a quienes solo ven lo que reluce, y quizás se limitan a observar con sorna como si fuera todo un golpe de suerte, y no el resultado de mucho trabajo de hormiga. Trabajo desanimante por momentos.
Es importante que este tipo de cosas empiecen a suceder en algún momento, porque precisamente, no sé hacer otra cosa. No pienso volver a trabajar en una oficina, ni creo que pueda, ni creo que me tomen para ese trabajo.
En fin, la vida sigue.

3 comentarios:

JOSE MARIA MUSCARI dijo...

ME ALEGRA DE VERDAD
TE MERECES ESTO Y LO MEJOR
TE QUIERO MUCHO MUCHO

Pablo Kolyvakis dijo...

Q lindo no volver a trabajar en una oficina... a mí me pasa de ver a la gente de traje, con corbata y pensar que nunca jamás quiero volver a ese mundo. Saludos!!

Pablo Kolyvakis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.