viernes, 26 de agosto de 2011

6 / 8 Bizarre party

Volví a la Bizarre Party, esta vez con Hernán en viola, y llevando un show más en vivo que la otra vez, que era con un cd de pistas y yo cantando encima. Se sumaría, ya allá en Rosario, Nacho de Matilda en teclados. Y bueno, la fiesta prometía, escenario 360, djs muy buenos. El lugar parece que sería una enormidad.
Luego de un viaje divertido con mucha charla, donde abordamos tópicos como la despenalización de las hierbas naturales (!), llegamos a Rosario. Ya en la entrada del Metropolitano se nos suma Rosarioso, que me estaba esperando. Fuimos a comer algo, y al rato ya estábamos en la fiesta. Teníamos todo armado en base a mi consola, yo me tenía que subir a una barra del escenario, que si bien era 360, era como una cabina de dj, con varias pantallas gigantes, pantallas de leds, y demás. El inicio del show pasó de ser a las 3, a ser como a las 4.15, lo cual hizo que haya gente que no estaba predispuesta a un show musical en vivo, seguramente se debería a cierta borrachera, y a cierto hábito reaccionario de rechazar cualquier manifestación que salga de lo normal y de lo conocido. Así hubo gente que aplaudió el show, como hubo otra gente que tiraba pequeños proyectiles, como si con eso yo fuera a tocar menos temas (ilusos) o me fuera a bajonear porque un nabo se cree vivo tirando cosas.
Culminamos el show, y era un caos encontrar al organizador de la fiesta, habrían 3000 personas en el lugar, Hernan tenía que irse a dormir, lo cual era entendible, manejó desde Buenos Aires a Rosario, y antes de las 6 habría que irse. Lo cual fue imposible, no apareció este muchacho hasta pasadas las 6.
Una vez terminado de arreglar todo, nos fuimos para la casa de Rosarioso. Primero pasamos por una panadería y compramos unos sanguchitos y unas facturas, cosa que no debiera comer, pero bueno, nada, era imposible no comer algo, estábamos hambrientos, y sedientos. En esa cabina de 360 grados tiraban tanto humo que parecía una toma de Blade Runner.
Nos fuimos a dormir, y caí redondo que no sé ni en qué posición quedé.

Al otro día fuimos con el Rosarioso a pasear por la costanera y por la parte del puente. Comimos unas bondiolas en un puesto donde atendía una mujer que trataba muy mal a sus empleadas. Casi no le compro nada. No era que las tratara mal, sino que las limaba con los detalles constantemente "que este sin tomate, que este, no, que esto que lo otro". Medio insoportable por los segundos que estuve en el puesto. Luego me olvidé.
Entonces más hacia la hora de la tardecita nos pasamos por El Cairo a tomar un submarino, con unas tostadas de dulce de leche y manteca que estaban tremendas (fue un día muy poco culturista, por cierto).
En eso ya nos estábamos por ir, cuando pasamos por la puerta del Café de la Flor, y justo entraba el muchacho que estaba de encargado, fuimos a hablarle para ver de arreglar alguna fecha, y resulta que el pibe me conocía, así que fue muy atento a ver qué podríamos armar en ese lugar, que tenía un escenario muy lindo y buen sonido. Así que pronto, se viene Rosario en el Café de la Flor.

Y nos volvimos a Buenos Aires, algo cansados, pero animados, esa semana me tocaría recuperar el celular, o un celular que funcione, por lo menos.

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